Desnutrición,
sobrepeso u obesidad factores de riesgo para desarrollar enfermedades no
trasmisibles.
El
incremento de la prevalencia de la obesidad en México, se encuentra documentado
como uno de las más acelerados en los últimos años a nivel mundial. Tal
magnitud, se puede identificar en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2016, la
cual muestra una prevalencia de obesidad en mujeres del 73 %.
En la
actualidad, existen creencias que se han perpetuado desde la antigüedad, como el
hecho de que una persona obesa, es una persona sana, o bien, que hay personas
cuya complexión es robusta y por tanto, es adecuada.
El
sobrepeso y obesidad constituyen uno de los principales factores de riesgo para
el desarrollo de enfermedades no transmisibles (ENT), como diabetes tipo 2,
enfermedades cardiovasculares e hipertensión arterial, los trastornos del aparato locomotor
(en especial la osteoartritis), y algunos cánceres (endometrio, mama, ovarios,
próstata, hígado, vesícula biliar, riñones y colon).
Realidad de muchos países de
ingresos bajos y medianos que afrontan una «doble carga» de morbilidad, México
no es la excepción, desnutrición
y obesidad coexistiendo en el mismo país, la misma comunidad y el mismo hogar,
también experimentan un rápido aumento en los factores de riesgo de las
enfermedades no transmisibles, tanto en entornos rurales como urbanos.
Osorio et al. (2002) menciona que la conducta alimentaria
tiene gran trascendencia, considero que esta se forma y se aprenden, mas no se
heredan, mediante un proceso que ocurre en los primeros años de vida, por
tanto, sus trastornos también se establecerán en etapas tempranas de la
infancia, lo cual, con mucha frecuencia no serían percibidos como tales en la
adultez, pues formarían parte de la conducta “habitual”, estas desviaciones
pueden presentar dos situaciones extremas: desnutrición, sobrepeso u obesidad.
México
produce y distribuye alimentos saludables a nivel mundial, además de contar con
una reserva culinaria variable, sin embargo, un grave problema, es la
transculturización de nuestra alimentación (Americanoide), destruyendo nuestra
soberanía alimentaria, propiciando el consumo de alimentos ricos en grasa,
azúcar y sal, procesados y ultra procesados, trayendo como consecuencia un
incremento en las enfermedades crónicas, derivadas del sobrepeso / obesidad, lo
que conlleva a muertes prematuras, con el costo que implica esto. De ahí, la
importancia de determinar la frecuencia de buenos hábitos alimentarios y su
asociación con otros factores, como el derecho individual y colectivo de
acceder a alimentos saludables, en calidad como en cantidad adecuada, así como seguridad
alimentaria para la humanidad.
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